Llevar un embarazo a término es una experiencia maravillosa, pero no está exenta de posibles complicaciones.
Una de ellas es el Crecimiento Intrauterino Retardado (CIR), una situación en la que el bebé no se desarrolla al ritmo esperado dentro del útero, lo que puede afectar su salud tanto a corto como a largo plazo.
¿Qué sucede en el CIR?
En el CIR, el feto no recibe los nutrientes y el oxígeno necesarios para su crecimiento y desarrollo óptimos. Esto puede deberse a diferentes factores que afectan el flujo sanguíneo a través de la placenta, la capacidad de la placenta para transportar nutrientes, o la capacidad del feto para utilizar los nutrientes disponibles.
El CIR se asocia con una serie de cambios fisiológicos en el feto, incluyendo la redistribución del flujo sanguíneo para proteger órganos vitales como el cerebro, la disminución del crecimiento de algunos órganos y tejidos, y la alteración del metabolismo fetal.
Estos cambios pueden tener consecuencias a largo plazo para la salud del individuo, incluso en la edad adulta.
Consecuencias del CIR a largo plazo
El CIR se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas en la edad adulta, como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión arterial y enfermedades renales.
Se cree que la “programación fetal”, es decir, la influencia del ambiente intrauterino en el desarrollo del feto, juega un papel importante en esta asociación.
El CIR puede afectar la estructura y función de diferentes órganos y sistemas en el feto, aumentando la susceptibilidad a enfermedades en etapas posteriores de la vida.
Y a corto plazo tendrá un mayor riesgo de enfermedades y mortalidad neonatal.
Diagnóstico del Crecimiento Intrauterino Retardado
Se diagnostica CIR cuando el peso del bebé es inferior al percentil 10 para su edad gestacional, es decir, un 90% menor que el de otros bebés en la misma etapa del embarazo.
¿Por qué ocurre?
Las causas del CIR son diversas y pueden originarse en la madre, el bebé o la placenta:
- Causas placentarias (las más comunes): problemas en las arterias uterinas, placenta pequeña o que funciona mal, miomas, cicatrices uterinas, medicamentos…
- Causas fetales: anomalías cromosómicas, malformaciones congénitas, infecciones intrauterinas…
- Causas maternas: desnutrición, diabetes gestacional, consumo de alcohol, tabaco u otras drogas, enfermedades cardíacas…
¿Cómo se diagnostica?
El CIR se diagnostica a través de diferentes pruebas como la medición de la longitud del útero, ecografías y Doppler.
Tipos de CIR:
- Intrínseco: el problema se origina en el propio bebé.
- Extrínseco: el problema se origina fuera del bebé. Se subdivide en:
- Tipo I o simétrico: causado por déficit nutricional materno (se detecta antes de las 16 semanas).
- Tipo II o asimétrico: causado por problemas en la placenta o enfermedades maternas (se detecta a partir de la semana 32).
- Tipo III o mixto: se detecta entre las semanas 17 y 32.
¿Qué podemos hacer desde la alimentación?
La nutrición juega un papel crucial en la prevención y manejo del CIR. En la consulta es fundamental empezar por:
- Valorar la ingesta nutricional de la madre: analizar su alimentación y realizar análisis de sangre para detectar posibles deficiencias de vitaminas, minerales, etc.
- Controlar el metabolismo de la glucosa: realizar pruebas para descartar diabetes gestacional.
- Evaluar el estilo de vida de la madre: nivel de estrés, actividad física, descanso…
- Corregir deficiencias nutricionales: asegurar el correcto aporte de proteínas, vitamina D, calcio, magnesio, zinc, hierro, vitamina B12, omega 3…
Consejos generales de alimentación
- Combinaciones inteligentes: incluir en cada comida grasas saludables (aceite de oliva, aguacate, frutos secos), proteínas de calidad (carnes, pescados, huevos, legumbres), fibra (verduras, frutas) e hidratos de carbono complejos (cereales integrales, legumbres).
- En caso de resistencia a la insulina o diabetes gestacional: priorizar el consumo de grasas, proteínas y fibra, dejando los hidratos de carbono para el final.
- Preferir lácteos enteros: aportan más proteínas y grasas que los desnatados.
- Snacks saludables: combinar proteínas, grasas e hidratos de carbono (ej: fruta con crema de frutos secos).
- Asegurar una ingesta energética adecuada: cubrir las necesidades energéticas de la madre.
- Asegurar un correcto aporte de proteínas: ajustar el consumo según las necesidades individuales.
- Mantener niveles óptimos de zinc, vitamina D y magnesio: a través de la alimentación y/o suplementos.
- Consumir suficiente omega 3: incluir pescado azul 3-4 veces por semana.
- Evitar ayunos prolongados: el ayuno nocturno es suficiente.
- Comer en un ambiente relajado: evitar el estrés durante las comidas.
Si eres dietista-nutricionista, técnico superior en dietética o profesional sanitario y quieres aprender a abordar casos como el CIR de forma integral, te invitamos a que te unas a nuestro Pack de Cursos de Femenino, Fertilidad y Lipedema.
En estos cursos, profundizarás en el conocimiento de la fisiología femenina, la fertilidad y el lipedema, y adquirirás las herramientas necesarias para acompañar a tus pacientes en la búsqueda de una salud óptima.
¡Inscríbete ahora y comienza a marcar la diferencia en tu práctica profesional!



